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UN HOMBRE SERIO
de ETHAN COEN y JOEL COEN
OTRA GENIALIDAD DE LOS HERMANOS COEN EN UNA TRAGICOMEDIA QUE SATIRIZA UNA SOCIEDAD DISFUNCIONAL

Un hombre serio es engañosamente simple desde su título. La película, rodada con sobriedad narrativa, es una de las obras más retorcidamente genial de estos hermanos, caracterizados, precisamente, por ser tortuosamente ocurrentes.
Un análisis brillante sobre el judaísmo, crítica y elogio a la vez, drama y comedia al mismo tiempo. Desde una genial introducción (con violinistas sobre el tejado) hasta un profundísimo estudio sobre el modus vitae de un tradicional barrio judío.
Los Coen vuelven a su universo propio y único, para, bajo el seno de la comunidad judía, hacer una gran radiografía socio-religiosa de dicha fe, la cual, podría extrapolarse a cualquiera de las demás existentes, así como de la vida, la existencia, el ser humano, los conflictos internos, las relaciones maritales, las relaciones laborales, la abogacía, la hipocresía, la doble moral, la marihuana,…
Con respecto al humor, éste subyace en ingeniosas aportaciones, sobretodo de una gran pléyade de personajes secundarios, todos a merced de amargarle la existencia al protagonista. Y cuando digo todos, digo todos y cada uno de ellos, desde la mujer, el hermano, el amante de la mujer, los hijos, los alumnos, los rabinos, los abogados… Existiendo momentos desternillantes, al más puro estilo Coeniano, como los infartos, los abrazos de Judas, los accidentes, los llantos ahogados, los esputos, los consejos de que “hay que contar hasta diez (primero en alto y luego en silencio)”, los ocupados Rabinos, los vecinos cazadores.
La ambientación y la música, totalmente de finales de los sesenta, es irresistible. Aunque como curiosidad, la película está ambientada en 1970, no en 1967 como dicen muchas críticas y su historia se centra en Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), un profesor de física del medio-oeste americano que ve cómo su vida comienza a derrumbarse. Larry es un hombre bueno; un marido fiel y afectuoso, un padre entregado y un profesor serio, siempre justo y correcto, a pesar de las tentaciones diarias que le acechan. Pero un buen día, todo empieza a ir mal. Su mujer le deja sin explicarle realmente por qué, y su insoportable amante (de ella) convence a Larry de que debe dejar el domicilio conyugal por el bien de los niños y mudarse a un motel. De pronto, la carrera de Larry se ve amenazada por una serie de anónimos en los que le acusan de traiciones sin concretar nada. Y para colmo, el amigo de su mujer muere en un accidente de coche y ella insiste en que Larry pague el entierro. Larry, que tampoco anda muy bien de dinero, debe hacerse cargo del entierro de un hombre al que odiaba, abonar la fianza de su hermano jugador, además de intentar proteger su buen nombre y su carrera. A pesar de tantas desgracias, es imposible no reírse de la mala suerte de Larry en un mundo que quizá nos sea demasiado familiar
. Casi no merece la pena detenerse en recursos técnicos, los directores no dejan títere con cabeza, son, al igual que siempre, predominantemente geniales, sin dejar de lado ningún elemento que los caracteriza. Siguen con unas escenificaciones rigurosas, una fotografía estupenda, planos originales y sensaciones bien plasmadas, con un equipo memorable y una edición en donde hacen gala a toda su maestría.. Un peliculón que debe verse repetidas veces para captar toda la historia y lo profundo de su argumento. Para amantes del buen cine.

PB – Nueva York – EE.UU

 
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